El Congreso de la Nación Argentina tiene su origen en un primer edificio inaugurado en 1864, durante la presidencia de Bartolomé Mitre. Este inmueble, diseñado por el arquitecto Jonás Larguía, se ubicaba en la esquina de las calles Balcarce e Hipólito Yrigoyen, frente a la Casa Rosada. Su construcción respondía a la necesidad de contar con una sede adecuada para el Poder Legislativo tras la unificación nacional de 1862, aunque su capacidad pronto resultó insuficiente ante el crecimiento del país y el aumento de representantes.

Ante la limitación del primer edificio, en 1889 el presidente Miguel Juárez Celman impulsó la construcción de una nueva sede para el Congreso. Se destinó una manzana delimitada por las avenidas Entre Ríos, Rivadavia, Combate de los Pozos y Victoria, formando un eje simbólico con la Casa de Gobierno a través de la Avenida de Mayo. En 1895 se convocó un concurso internacional al que se presentaron 28 proyectos, resultando ganador el diseño del arquitecto italiano Vittorio Meano.

El proyecto de Meano se enmarcó en el estilo neoclásico grecorromano, combinando academicismo, eclecticismo y clasicismo. Su propuesta destacaba por la incorporación de una imponente cúpula de 80 metros de altura, que se convirtió en el elemento más característico del edificio. El diseño buscaba reflejar la grandeza institucional y el ideal democrático, siguiendo las tendencias arquitectónicas europeas de la época.

La construcción del Palacio del Congreso comenzó en 1898, aunque el presupuesto inicial de seis millones de pesos moneda nacional se superó ampliamente, alcanzando más de 31 millones en 1914. Este desborde de costos valió al edificio el apodo de Palacio de Oro. La obra avanzó lentamente y en 1904, tras el asesinato de Meano, la dirección pasó al arquitecto belga Julio Dormal, quien respetó el proyecto original hasta su finalización.

El edificio presenta una estructura monumental con frontis, cornisas, tímpanos y columnas de orden corintio. La cúpula central, revestida de bronce, representa un logro de ingeniería para la época, capaz de soportar las 30 mil toneladas de la superestructura. El interior incluye salones con mobiliario de estilo inglés, boiseries francesas de roble de Eslavonia y pisos marqueteados, que conservan el lujo de su diseño original.

El Palacio del Congreso fue inaugurado parcialmente el 12 de mayo de 1906 por el presidente José Figueroa Alcorta, aunque las sesiones comenzaron en un recinto aún sin terminar. La finalización completa de la obra se extendió durante varias décadas, con detalles que se fueron incorporando progresivamente. El edificio ocupa una manzana de 12.079,6 metros cuadrados en el centro de Buenos Aires.

La ubicación del Congreso no fue casual: su posición frente a la Plaza del Congreso y su alineación con la Casa Rosada a través de la Avenida de Mayo refuerzan su valor simbólico como sede del Poder Legislativo. Este eje monumental refleja la organización republicana del Estado argentino, con los tres poderes separados pero en diálogo visual y funcional.

Hoy, el Palacio del Congreso sigue siendo uno de los edificios más emblemáticos de Argentina, no solo por su función política sino por su valor arquitectónico. Su estilo neoclásico y su cúpula de bronce lo distinguen en el paisaje urbano de Buenos Aires, mientras que su historia refleja la evolución institucional del país desde la organización nacional hasta la actualidad.

fuente: Cámara de Diputados, relevamiento histórico y arquitectónico

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