La digitalización acelerada de los últimos años redujo drásticamente las ventas de diarios y revistas en papel, lo que llevó a una crisis profunda en el sector de los canillitas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Ante este escenario, el Gobierno porteño decidió modificar las normativas que regulaban los 1.025 puestos habilitados en la ciudad, para permitir diversificar sus actividades comerciales para garantizar su supervivencia en un mercado cada vez más competitivo y en constante cambio, donde el consumo de noticias digitales crece sin pausa.

EL GCBA anunció la desregulación total de los quioscos, un cambio que busca adaptar el modelo a la realidad actual. Según las autoridades, el intento de mantener artificialmente el sistema tradicional durante años terminó perjudicando a los propios trabajadores gráficos, quienes vieron mermados sus ingresos por la caída en la demanda de publicaciones impresas, que en algunos casos superó el 60% en la última década, según datos del sector.

La nueva normativa autoriza a los puesteros a incorporar servicios como cafetería al paso, paquetería y cobro de facturas. Esta ampliación de actividades busca ofrecer herramientas concretas para que los comercios puedan compensar la disminución en la venta de diarios y revistas, que sigue siendo su actividad principal y debe prevalecer visual y funcionalmente en cada puesto, según lo establecido en las nuevas reglas consensuadas con gremios y cámaras empresariales.

Para evitar conflictos con otros comercios, se estableció que los quioscos que deseen vender café no podrán instalarse frente a locales gastronómicos ya existentes. Esta medida busca preservar la convivencia comercial en las veredas, donde el espacio público es limitado y debe ser compartido entre diferentes tipos de negocios, evitando la competencia desleal en zonas ya saturadas de oferta similar.

Los interesados en expandir sus actividades deberán tramitar la autorización mediante la plataforma TAD del Gobierno de la Ciudad, un sistema digital que agiliza los trámites administrativos. Además, quienes manipulen alimentos deberán presentar una constancia de aprobación de un curso oficial sobre manipulación de alimentos, cumpliendo con normas estrictas de higiene, seguridad eléctrica y gestión de residuos, que serán fiscalizadas periódicamente por las autoridades municipales mediante inspecciones programadas y sorpresivas.

Se otorgó un plazo de gracia de cuatro meses para que los puestos que ya ofrecían estos servicios de manera informal se ajusten a las nuevas regulaciones. Este período busca facilitar la transición y evitar que los comercios sean sancionados mientras completan los requisitos administrativos y operativos, que incluyen la adecuación de sus instalaciones a las normas vigentes y la presentación de la documentación correspondiente.

La Asociación de Editores de Diarios de Buenos Aires expresó su preocupación por la posible transformación de los quioscos en locales dedicados casi exclusivamente a la venta de café y productos gastronómicos. Según el gremio editorial, esto podría desvirtuar el objeto original de los puestos, que es la distribución de prensa gráfica, y afectar el acceso de los lectores a las publicaciones en zonas de alto tránsito, donde la presencia de quioscos tradicionales es clave para la difusión de medios impresos y el mantenimiento de la diversidad informativa.

La medida forma parte de una política de desburocratización que apunta a dar respiro a un sector golpeado por el avance de los medios digitales. Sin embargo, su éxito dependerá de que los puesteros logren equilibrar la venta de publicaciones con los nuevos servicios, sin perder de vista su función original, y de que las autoridades garanticen que la normativa se aplique sin afectar el acceso a la prensa escrita para los vecinos de todos los barrios de la ciudad.

fuente: relevamiento informativo y GCBA

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