Por Sebastián Di Domenica. Hasta hace poco tiempo, caminar por la vereda derecha de la calle Charcas, entre Humboldt y Juan B. Justo, en el corazón de Palermo, era como retroceder en el tiempo. Las fachadas de las casas de esa cuadra, todas con más de un siglo de antigüedad, conservaban intacta la esencia de la Buenos Aires de principios del siglo XX. Ese tramo, según tengo entendido, estaba protegido por normativas que impedían demoler o modificar las fachadas originales, para garantizar la preservación de un fragmento único de la memoria urbana. Sin embargo, en los últimos meses, esa protección parece haberse desvanecido.

A fines de 2025, dos de las casas ubicadas en la esquina con Humboldt fueron demolidas. En su lugar, según anuncios públicos, se construirá un edificio de 12 pisos. Pero el cambio no termina ahí: la casa contigua ya está en venta, y se promociona como un terreno apto para erigir un edificio de 8 pisos con dos retiros. ¿Qué sucedió con las regulaciones que, en teoría, debían resguardar este patrimonio o al menos las fachadas (tal como se hizo en un proyecto inmobiliario de hace varios años a mitad de cuadra)? La pregunta resuena entre vecinos y especialistas, quienes alertan sobre la pérdida de un rincón histórico y de enorme valor urbano que, hasta hace poco, parecía protegido.

La normativa vigente en la Ciudad de Buenos Aires es clara: desde 2023, una resolución judicial ratificada obliga al Gobierno porteño a completar el catálogo de edificios construidos antes de 1941 y a protegerlos patrimonialmente. Según esta normativa, no se pueden autorizar demoliciones ni obras nuevas en inmuebles históricos sin la aprobación expresa del Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales. Además, incluso en los casos en que se permiten intervenciones, las fachadas clásicas podrían tener que conservarse. El objetivo es salvaguardar el patrimonio arquitectónico, evitando que su protección dependa exclusivamente de la voluntad política o de intereses económicos.

Sin embargo, la realidad en Charcas parece contradecir estos lineamientos. Muchos vecinos se preguntan: ¿los estudios de valor histórico —obligatorios para cualquier demolición de inmuebles previos a 1940— fueron realizados antes de las mencionadas demoliciones de la calle Charcas? ¿Se omitieron los análisis exigidos? ¿O acaso se flexibilizaron las regulaciones? Son preguntas que requieren respuestas. Las perspectivas son difusas, pero el resultado es concreto: casas centenarias ya no existen, y otras podrían seguir el mismo camino.

El fenómeno no es nuevo. Desde hace décadas, el avance de la especulación inmobiliaria en Buenos Aires ha puesto en jaque la conservación del patrimonio. Edificios históricos son reemplazados por torres de departamentos, y en contados casos las fachadas logran sobrevivir. En el caso de Charcas, la situación es especialmente sensible: se trata de una de las pocas cuadras que, hasta hace poco, mantenía su trazado original casi sin alteraciones y como una prueba de la memoria urbana durante más de un siglo. Su pérdida no solo afecta el paisaje urbano, sino también la identidad de un barrio que, pese a su transformación, aún conservaba rincones de su pasado.

La pregunta que muchos se hacen es si el Gobierno de la Ciudad está cumpliendo con su obligación de proteger estos inmuebles. Según la normativa, el Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales debe evaluar cada caso antes de autorizar demoliciones o modificaciones. ¿Se siguió este procedimiento en Charcas? La respuesta a esta pregunta define el riesgo y la posibilidad de preservar un patrimonio irrecuperable que puede desaparecer para siempre. 

Para los defensores del patrimonio, este caso es un ejemplo más de cómo los intereses económicos pueden socavar las políticas de conservación. "Cada fachada que se pierde es un pedazo de memoria que se borra", señala un vecino. En un contexto donde el valor del suelo en Palermo paga bien, la tensión entre desarrollo urbano y preservación histórica parece inclinarse hacia el primero.

Mientras tanto, los vecinos de Charcas observan con preocupación cómo su calle, antes un museo al aire libre, se transforma. La pregunta sigue en el aire: ¿ya no tiene ninguna protección la cuadra que nos permitía caminar por una Buenos Aires de hace un siglo? 

*Más información sobre la normativa de protección patrimonial: [Página/12 - El GCBA deberá proteger los inmuebles previos a 1942](https://www.pagina12.com.ar/740381-el-gcba-debera-proteger-los-inmuebles-previos-a-1942/)*

Antes de las demoliciones 

Después de las demoliciones 

Fuente: relevamiento informativo y periodístico

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