El crecimiento acelerado de locales vacíos en las principales avenidas de la Ciudad de Buenos Aires se ha convertido en un síntoma visible de la crisis comercial que atraviesa la capital. Según el último relevamiento de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), realizado en marzo de 2026, se detectaron 284 locales cerrados, en venta o alquiler durante el primer bimestre del año, lo que representa un aumento del 38,5% respecto al mismo período de 2025. Este fenómeno no solo refleja la caída del consumo y la retracción de la actividad económica, sino también la falta de respuestas efectivas para contener la deserción de comerciantes históricos y la degradación del espacio urbano.
La Avenida Corrientes, tradicional epicentro de la vida comercial y cultural porteña, es la más afectada, con 68 locales vacíos. Le siguen las avenidas Rivadavia y Santa Fe, con 63 y 58 establecimientos inactivos respectivamente. En términos de variación, los mayores incrementos se registraron en Avellaneda (160%) y Cabildo (177,8%), corredores donde la competencia con productos importados y la dolarización de los contratos de alquiler han acelerado la salida de pequeños y medianos comerciantes. La situación es especialmente crítica en el rubro textil, donde la apertura comercial ha golpeado a la producción local, dejando a muchos negocios sin capacidad de competir con precios y condiciones de importación.
El aumento de la vacancia comercial no solo impacta en la economía local, sino que también genera un deterioro del entorno urbano. Calles antes vibrantes hoy exhiben persianas bajas, menor iluminación y una sensación de inseguridad que ahuyenta a vecinos y turistas. Las cámaras comerciales advierten que, sin medidas concretas, este círculo vicioso podría profundizarse, afectando no solo a los comerciantes, sino también a la calidad de vida de los habitantes de la ciudad. La degradación del espacio público y la falta de mantenimiento en zonas con alta vacancia son problemas que, hasta ahora, no han encontrado solución.
El contexto económico actual, marcado por una inflación persistente y la pérdida del poder adquisitivo, es el principal responsable de este escenario. Los costos operativos se han disparado, mientras que las ventas minoristas cayeron un 5,6% interanual en febrero de 2026, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME). A esto se suma la exigencia de contratos de alquiler en dólares, una práctica que resulta insostenible para la mayoría de los comerciantes locales. Las cámaras del sector han solicitado al Gobierno de la Ciudad alivio fiscal y facilidades para la renegociación de contratos, pero las respuestas han sido lentas y, en muchos casos, insuficientes.
Ante este panorama, el Gobierno porteño ha anunciado algunas medidas, como la simplificación de trámites y la reducción de la carga burocrática para la apertura y gestión de locales comerciales. Sin embargo, los comerciantes señalan que estas iniciativas no abordan los problemas de fondo: la falta de demanda, la competencia desleal y la presión impositiva. Mientras tanto, la única avenida que ha logrado mantenerse estable es Pueyrredón, donde la adaptación a la crisis y la diversificación de la oferta comercial han permitido resistir el embate de la recesión.
Los especialistas advierten que, de no mejorar la demanda interna y sin políticas de alivio concretas, el 2026 podría cerrar con un nuevo récord de cierres, profundizando la crisis del empleo y la actividad económica.
Frente a este escenario, las cámaras comerciales insisten en la necesidad de un plan integral que incluya no solo facilidades administrativas, sino también incentivos fiscales, acceso a créditos blandos y políticas activas para fomentar el consumo local. Sin embargo, hasta el momento, las acciones implementadas no han logrado revertir la tendencia. La ciudad, que alguna vez fue símbolo de dinamismo comercial, hoy enfrenta el desafío de evitar que sus avenidas se conviertan en corredores fantasmales, donde el silencio de las persianas bajas sea el único testimonio de una actividad que no logra recuperarse.
Mientras los comerciantes luchan por mantener sus negocios abiertos, la pregunta que queda en el aire es si las autoridades estarán a la altura de las circunstancias. La crisis comercial no es solo un problema económico, sino también social y urbano. Sin soluciones a la medida de la emergencia, el futuro de las avenidas porteñas —y de quienes dependen de ellas— sigue en riesgo.
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Fuente: Relevamiento informativo.
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