Lo que alguna vez fue un tramo gris y olvidado de la Avenida Luis María Campos, en el corazón de Palermo, hoy se ha transformado en un vibrante corredor de arte y memoria. El Paseo Malvinas, ubicado entre las calles Dorrego y Juan B. Justo, es un homenaje visual a la soberanía argentina y a los héroes de la Guerra de Malvinas. Más de 50 murales, creados por soldados del Regimiento de Infantería 1 “Patricios” y artistas locales, narran desde las Invasiones Inglesas hasta los combates en las islas, ofreciendo a los transeúntes una experiencia única que fusiona historia, arte y reflexión.

La iniciativa nació del coronel Julio César Buoniconto, quien vio en las paredes del regimiento una oportunidad para contar la historia de la unidad y rendir tributo a los caídos en 1982. Bajo su dirección, soldados como Luis Alberto Cuevas y Alan Emanuel Vilca, junto al escultor Carlos Leonardo Gómez, transformaron el espacio en un museo al aire libre. Gómez destacó que cada obra requiere un estudio profundo para capturar la esencia de los héroes y transmitirla a las nuevas generaciones, logrando que el legado histórico conecte emocionalmente con los visitantes.

El respeto por los murales es notable: existe un código urbano no escrito que protege las obras de cualquier intervención ajena, a pesar de estar en una zona con intensa actividad de street art. Este fenómeno refleja cómo la causa de Malvinas trasciende diferencias individuales e ideológicas, consolidando el paseo como un espacio sagrado para la memoria colectiva. La iluminación LED instalada no solo realza los detalles de las pinturas durante la noche, sino que también ha mejorado la seguridad para los peatones, convirtiendo el lugar en un punto de encuentro y reflexión.

El éxito del proyecto ha llevado a los vecinos a solicitar su expansión hasta las vías del tren, extendiendo así el corredor artístico. Las obras, inauguradas en junio de 2025 en conmemoración del aniversario de la muerte de Claudio Alfredo Bastida —el único soldado “Patricio” caído en Malvinas—, continúan creciendo en detalle y cantidad. El compromiso diario de los soldados con el mantenimiento de las piezas asegura que el mensaje de soberanía y memoria permanezca vivo y accesible para todos.

El Paseo Malvinas también ha generado un diálogo innovador entre las instituciones militares y la comunidad, demostrando que el arte puede ser una herramienta poderosa para la educación y la sanación. Las escenas plasmadas en los murales no solo honran a los veteranos, sino que también invitan a las nuevas generaciones a conocer y valorar la historia argentina. Este proyecto ha convertido un simple tramo de avenida en un espacio de justicia histórica, donde la memoria de los caídos se niega a ser silenciada.

La integración de tecnología y arte ha sido clave: la iluminación LED, gestionada en conjunto con las autoridades porteñas, asegura que los rostros de los héroes no queden en la oscuridad. Además, la renovación del espacio ha incluido la colocación de placas conmemorativas y la reposición de árboles nativos, reforzando el carácter simbólico del lugar. El Paseo Malvinas se ha convertido así en un modelo de cómo el arte urbano puede transformar el paisaje de una ciudad, generando hitos culturales de alto valor simbólico sin necesidad de grandes obras civiles.

El impacto del Paseo Malvinas trasciende lo estético: se ha convertido en un punto de referencia para los vecinos, quienes ahora lo recorren con frecuencia, deteniéndose para fotografiar las obras y reflexionar sobre su significado. La iniciativa ha demostrado que, incluso en una metrópolis como Buenos Aires, es posible crear espacios que fomenten la conexión con la historia y la identidad nacional. El éxito del proyecto ha inspirado a otras ciudades a replicar modelos similares, utilizando el arte como puente entre el pasado y el presente.

En un contexto donde la memoria histórica a menudo se diluye en el ritmo acelerado de la vida urbana, el Paseo Malvinas emerge como un recordatorio tangible de la importancia de honrar a quienes defendieron la soberanía. Este corredor artístico no solo embellece el barrio de Palermo, sino que también fortalece el sentido de pertenencia y el respeto por la historia compartida, asegurando que las lecciones del pasado sigan vivas en el imaginario colectivo.

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**Fuente:** Relevamiento informativo.

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