El corredor norte de la Ciudad de Buenos Aires, que incluye los barrios de Palermo, Belgrano y Núñez, es uno de los puntos más críticos en materia de movilidad urbana. Las obras del Anillo La Pampa y la ampliación del Puente Labruna, actualmente en ejecución, buscan aliviar la congestión vehicular que afecta diariamente a cientos de miles de conductores, especialmente en horarios pico. Sin embargo, la pregunta que persiste es si estas intervenciones serán suficientes para resolver el histórico caos en la entrada y salida de la ciudad por el norte, una zona donde los embotellamientos y las demoras son parte de la rutina diaria.
El Anillo La Pampa, cuya construcción comenzó en febrero de 2026, incluye un túnel vehicular de doble mano que conectará la Avenida Figueroa Alcorta con la Costanera, pasando por debajo de las vías del ferrocarril y las autopistas, y un puente peatonal con forma de anillo de 140 metros de diámetro. El proyecto, con una inversión estimada de 50 millones de dólares, promete reducir a la mitad los tiempos de viaje para los más de 350.000 usuarios diarios que transitan por la zona, incluyendo estudiantes, trabajadores y vecinos. Además, se espera que el nuevo túnel elimine giros peligrosos y cruces a nivel, mejorando la seguridad vial y la fluidez del tránsito.
En paralelo, la ampliación del Puente Labruna avanza con el montaje de ocho vigas de 32,5 metros de largo y 45 toneladas cada una, que duplicarán la capacidad vehicular actual. Estas obras, que han requerido cortes nocturnos en la Autopista Illia y la Avenida Cantilo, buscan facilitar el acceso a la Ciudad Universitaria, el Parque de Innovación y el Distrito Joven. La nueva estructura también incluirá una plaza elevada para peatones y ciclistas, con rampas y terrazas que mejorarán la conectividad con la Costanera Norte.
Aunque las obras en curso representan un avance significativo, la realidad es que la entrada y salida norte de la ciudad sigue siendo caótica, especialmente en horarios pico. Los cortes y desvíos programados, necesarios para el avance de las obras, generan demoras adicionales y obligan a los conductores a buscar alternativas que, en muchos casos, ya están saturadas. Las autoridades han informado que los trabajos se realizan por etapas para minimizar el impacto, pero la falta de obras complementarias —como la construcción de nuevas autopistas o la ampliación de corredores viales clave— limita el alcance de estas intervenciones. La Autopista Illia, la Avenida Cantilo y las salidas hacia Lugones y Udaondo siguen siendo puntos críticos, donde los embotellamientos son frecuentes y las alternativas, escasas.
El Gobierno de la Ciudad ha destacado que estas obras son estratégicas y que su finalización —prevista para septiembre de 2026 en el caso del Puente Labruna y finales de 2027 para el Anillo La Pampa— marcará un antes y después en la movilidad del norte porteño. Sin embargo, expertos en transporte y vecinos señalan que, si bien los proyectos en marcha son necesarios, no son suficientes para resolver el problema de fondo: la falta de una red vial integral que permita una circulación fluida en una de las zonas más transitadas del país. La ausencia de anuncios concretos sobre nuevas obras para descongestionar el acceso norte, como la construcción de autopistas alternativas o la mejora de corredores viales existentes, genera dudas sobre la capacidad de estas intervenciones para transformar radicalmente la situación actual.
Las mejoras esperadas incluyen una reducción significativa en los tiempos de viaje, mayor seguridad vial y una mejor integración entre el transporte vehicular, peatonal y ciclista. No obstante, el éxito de estas obras dependerá no solo de su finalización, sino también de su capacidad para integrarse con el resto de la red vial y de transporte público. La falta de coordinación con proyectos regionales, como la ampliación de rutas provinciales o la construcción de nuevas autopistas, podría limitar su impacto real en la movilidad del norte de la ciudad.
Mientras las obras avanzan, los conductores y vecinos del norte de la ciudad siguen enfrentando diariamente los desafíos de una infraestructura vial insuficiente. Los cortes programados, aunque necesarios, agravan temporalmente la situación, y la falta de alternativas claras para el mediano plazo genera incertidumbre. Las autoridades han asegurado que los beneficios a largo plazo justificarán las molestias actuales, pero el verdadero test será si estas obras logran, efectivamente, mejorar la caótica entrada y salida de vehículos de la ciudad, o si solo aliviarán parcialmente un problema que requiere soluciones más ambiciosas y coordinadas.
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Fuente: Relevamiento informativo y análisis editorial
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