Buenos Aires cuenta con un circuito de museos dedicados total o parcialmente a la escultura, distribuidos en distintos barrios y con orígenes institucionales diversos. Aunque no existe una gran cantidad de espacios exclusivamente escultóricos, la ciudad reúne dos instituciones específicas —una pública porteña y otra universitaria nacional— además de varios museos generales de arte cuyas colecciones incluyen un volumen relevante de piezas tridimensionales.

El caso más claro de museo dedicado en forma específica a este género es el Museo de Esculturas Luis Perlotti, ubicado en el barrio de Caballito, sobre la calle Pujol. El espacio lleva el nombre del escultor argentino Luis Perlotti y tiene como misión preservar, difundir y promover la producción y recepción de la escultura argentina en general y del artista homónimo en particular. El edificio corresponde a la casa-taller donde Perlotti desarrolló gran parte de su obra, que donó a la Ciudad en 1969, y que permaneció en obras entre 2003 y 2008, año en que fue reinaugurado como museo especializado en escultura. Su acervo, de temática americanista y de corte indigenista, se complementa con monumentos, relieves y bustos vinculados a personalidades de la cultura y la política nacional. El museo incluye además un espacio de restauración y conservación, el taller Ferraro-Battisti, incorporado tras la donación de la obra de los artistas Lidia Battisti y Juan Carlos Ferraro. Depende del Gobierno de la Ciudad, integra la red de doce museos porteños y su entrada es paga, con descuentos y gratuidad los miércoles para determinados públicos.

El segundo museo dedicado específicamente al género, aunque de escala nacional y perfil académico, es el Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcová, dependiente de la Universidad Nacional de las Artes y ubicado cerca de la Reserva Ecológica, en Puerto Madero. Se trata del museo de calcos y escultura comparada más importante de Sudamérica y uno de los más relevantes de su género en la región. Exhibe una colección histórica de calcos y reproducciones en yeso de obras escultóricas de distintas épocas que integran los grandes museos del mundo, como el Louvre, el Museo Británico y el Nacional de Antropología de México, con un recorrido que abarca más de cuatro mil años de historia. Actualmente reúne más de setecientas esculturas y mantiene una función educativa, con cursos y talleres abiertos al público, además de visitas guiadas los fines de semana. El ingreso es libre y gratuito.

Fuera de estos dos casos específicos, varios museos generales de la ciudad incorporan colecciones escultóricas de peso considerable dentro de acervos más amplios. El Museo Nacional de Arte Decorativo, en el Palacio Errázuriz Alvear, sobre avenida del Libertador, en Recoleta, reúne piezas de artes decorativas europeas y orientales que incluyen esculturas, tapices y pinturas de los siglos XVI al XIX. Su colección ofrece cerca de seis mil objetos de valor, entre los que se destaca una escultura de Auguste Rodin. El museo depende de la órbita nacional y cuenta además con un jardín de esculturas en su predio.

El Museo Nacional de Bellas Artes, también en Recoleta, integra en su patrimonio obras escultóricas junto a pinturas, grabados y dibujos. El conjunto de piezas expuestas suma alrededor de setecientos elementos distribuidos en treinta y cuatro salas, y constituye el mayor patrimonio artístico del país. Por su parte, el MALBA, en Palermo, incorpora esculturas latinoamericanas dentro de su colección permanente y dispone de terrazas destinadas específicamente a la exhibición de obras tridimensionales.

Otros museos porteños con presencia escultórica relevante son el Museo de Arte Español Enrique Larreta, en Belgrano, que conserva esculturas en madera policromada y retablos del Renacimiento y el Barroco, además de un jardín con estatuas; el Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, en Retiro, con piezas coloniales y precolombinas; y el Museo de Artes Plásticas Eduardo Sívori, que reúne más de cuatro mil piezas entre pinturas, esculturas, fotografías y grabados de arte argentino. El Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y el Museo de Arte Contemporáneo, ambos en San Telmo, completan el panorama con esculturas e instalaciones contemporáneas dentro de colecciones que superan las siete mil y ocho mil obras respectivamente.

En conjunto, el mapa porteño de la escultura combina dos instituciones de identidad exclusivamente escultórica —el Perlotti, de gestión municipal, y el De la Cárcová, de gestión universitaria— con un conjunto más amplio de museos generalistas que, sin estar centrados en el género, exhiben piezas tridimensionales como parte sustancial de su patrimonio. Esta distribución responde más a la historia institucional de cada colección que a una planificación temática unificada por parte del Estado porteño o nacional.

A este panorama se suma un espacio de menor escala también dedicado a un único escultor: el Museo Líbero Badii, ubicado en 11 de Septiembre 1990, en Belgrano, que funciona en la que fue la casa de campo de Valentín Alsina. Allí se exhiben esculturas, pinturas, grabados y dibujos de Líbero Badii (1916-2001), uno de los escultores argentinos más relevantes del siglo XX, en un museo de reducidas dimensiones, con entrada gratuita, que no integra la red de los doce museos porteños de mayor perfil pero que, junto con el Perlotti, conforma el conjunto de espacios monográficos dedicados exclusivamente a un artista escultor. 

En el mismo barrio funciona además la Casa Museo Yrurtia, en O'Higgins 2390, antigua residencia del escultor Rogelio Yrurtia y su esposa, la pintora Lía Correa Morales, transferida al Estado en 1942 junto con su patrimonio artístico y hoy convertida en casa-museo con obra propia del artista.

fuente: GCBA y relevamiento informativo en museos

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