El grupo Salvemos el Botánico está recolectando firmas para detener las obras que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires está realizando en el Monumento Histórico Nacional Jardín Botánico Carlos Thays. Los vecinos denuncian que estas intervenciones modifican el diseño original creado por el paisajista francés Carlos Thays, alterando la esencia del espacio verde más emblemático de la ciudad.

Entre las modificaciones más cuestionadas se encuentran la sustitución de los caminos sinuosos de polvo de ladrillo por nuevos senderos de cemento con baldosas, más anchos y rectos, lo que según los vecinos restringe la capacidad de absorción del agua del suelo, afectando directamente a la vegetación del jardín. Además, se ha pintado la fuente conocida como la Primera, alterando su aspecto histórico.

Otra de las obras que genera mayor rechazo es la modificación del caserón diseñado por Thays, donde el paisajista vivió junto a su familia. Según sostienen el objetivo de concesionar el espacio para instalar una confitería. Este edificio, construido en 1881 por el ingeniero Jordán Wysocki, forma parte integral del patrimonio histórico y arquitectónico del jardín, declarado Monumento Histórico Nacional en 1996.

El Jardín Botánico, inaugurado el 7 de septiembre de 1898, alberga cerca de 1500 especies vegetales en sus 7,7 hectáreas y representa un legado cultural y ambiental único en la ciudad. Su diseño original, que combina ciencia y arte, fue realizado por Thays con el objetivo de crear un espacio que integrara la botánica con la aclimatación de especies nativas y exóticas.

Ante estas intervenciones, los vecinos han intensificado sus acciones de resistencia. Además de la recolección de firmas, se han organizado marchas, como la realizada desde el Jardín Botánico hasta la Plaza Inmigrantes de Armenia, para visibilizar el rechazo a las obras y denunciar lo que consideran una privatización encubierta de espacios públicos para fines comerciales.

La construcción de baños en el jardín, por ejemplo, se realizó sin la autorización de la Comisión Nacional de Monumentos Históricos, el organismo encargado de proteger los bienes declarados como patrimonio. Este tipo de obras, realizadas de manera inconsulta, son las que los vecinos buscan detener mediante acciones legales y de movilización ciudadana.

El conflicto refleja una tensión creciente entre la preservación del patrimonio histórico y ambiental de la ciudad y los proyectos de desarrollo urbano. Mientras el Gobierno de la Ciudad argumenta la necesidad de modernizar los espacios públicos, los vecinos insisten en que estas obras no solo alteran el diseño original de Thays, sino que también ponen en riesgo el equilibrio ecológico de un jardín que es pulmón verde y reserva de biodiversidad en medio de la ciudad.

Algunos datos clave del Botánico

El Jardín Botánico Carlos Thays, ubicado en el barrio de Palermo y próximo al Parque 3 de Febrero, fue inaugurado el 7 de septiembre de 1898 y declarado Monumento Histórico Nacional el 11 de abril de 1996. Este espacio verde de 7,7 hectáreas representa uno de los pulmones más importantes de la ciudad, combinando la preservación de la biodiversidad con un valioso patrimonio histórico y cultural.

Su diseño original fue creado por el paisajista francés Carlos Thays, quien incorporó una propuesta cientificista que unía botánica y aclimatación de especies. El jardín cuenta con cinco invernaderos, siendo el más destacado el de estilo *art nouveau* diseñado por Albert Ballú, exhibido en la Exposición Universal de París de 1889. Además, alberga dos bibliotecas, una huerta, un herbario, numerosos senderos y más de treinta obras de arte, entre esculturas, monumentos y fuentes. La entrada principal culmina en una rotonda con la Columna Meteorológica, construida entre 1910 y 1911.

Desde 2020, su mantenimiento depende de la Secretaría de Ambiente del Gobierno de la Ciudad. El jardín alberga cerca de 1500 especies vegetales y una gran variedad de fauna, incluyendo aves, artrópodos e insectos, además de especies nativas como tipas, lapachos, jacarandás, palos borrachos e ibirá pitás, que reflejan la riqueza ecológica de la región.

fuente: relevamiento informativo y grupo de vecinos

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