El IDECBA reveló que 206.000 porteños mantuvieron más de una ocupación en el primer trimestre de 2026, un 4,8% más que en 2025. Actualmente, el 13% de la población ocupada en CABA combina múltiples empleos, una práctica que ya no es estacional sino permanente, evidenciando la gravedad de la crisis económica y la falta de soluciones estatales.

El pluriempleo es la respuesta individual a un problema colectivo: la imposibilidad de cubrir necesidades básicas con un solo ingreso. La inflación en servicios esenciales superó ampliamente a los ingresos, y los salarios no acompañan ese ritmo. Según la UBA, el 70% de los trabajadores no supera la línea de pobreza, lo que explica por qué el pluriempleo y el endeudamiento son estrategias habituales en un contexto de abandono estatal.

Quienes tienen más de un empleo trabajan 48 horas semanales, 15 dedicadas al empleo secundario. Sin embargo, los ingresos adicionales son magros: el 50% percibe solo 500.000 pesos, mientras el promedio es de 700.000 pesos. Esto demuestra que el pluriempleo no es una opción de progreso, sino una necesidad para no hundirse en la pobreza.

Lo alarmante es que esta tendencia se ha consolidado como una constante en todos los sectores, dejando de ser un recurso temporario. El mercado laboral actual de Argentina no genera empleos de calidad, reflejando una falla estructural en un modelo económico que prioriza el ajuste sobre el bienestar. Mientras el Estado recorta en áreas clave, los ciudadanos deben trabajar más horas por menos dinero.

El perfil del pluriempleado en la ciudad es revelador: el 85% son jefes de hogar, lo que muestra que la presión recae sobre quienes deben sostener a sus familias, en un contexto donde el Estado no protege a los más vulnerables.

A nivel nacional, el pluriempleo alcanzó al 12,2% de los trabajadores en 2025, es decir, 1,6 millones de personas. Aunque el ingreso promedio de un pluriempleado es un 13,1% superior, este aumento no compensa la caída del poder adquisitivo. La falta de políticas públicas que aborden la inflación y la precarización laboral agravan el problema.

Desde 2018, solo uno de cada cuatro empleos creados fue asalariado registrado, mientras el resto corresponde a informalidad o cuentapropismo. Esta tendencia profundiza la vulnerabilidad de los trabajadores y consolida el pluriempleo como una salida individual a un problema sistémico que el Estado no resuelve.

El pluriempleo no es una solución, sino el síntoma de un país que no resuelve sus problemas de fondo. Mientras las autoridades insisten con políticas de ajuste fiscal que castigan a los sectores más vulnerables, los trabajadores se ven obligados a extender sus jornadas laborales sin ver mejoras significativas en sus ingresos. Sin cambios estructurales profundos, esta realidad seguirá agravándose en el futuro cercano.

fuente: IDECBA y relevamiento informativo

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