Un estudio del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires reveló que el 48,9% de los jóvenes argentinos de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. El relevamiento, basado en más de 1.000 encuestas presenciales realizadas entre diciembre de 2025 y enero de 2026, expone una realidad alarmante: la vulnerabilidad ya no es un fenómeno marginal, sino una característica estructural que afecta a más de 4,1 millones de personas en este rango etario.
El informe destaca que las principales problemáticas incluyen dificultades para acceder al empleo, mantener la regularidad educativa, la falta de cobertura de salud y un fuerte impacto en la salud mental. Aunque 7 de cada 10 jóvenes trabajan o tienen alguna ocupación, la mayoría lo hace en condiciones informales o precarias. Incluso dentro del grupo con empleo formal, el 19% no logra generar ingresos iuficientes para superar la vulnerabilidad, lo que refleja la profundidad de la crisis laboral.
El desempleo alcanza al 30,6% de los jóvenes encuestados, y lo más preocupante es que cerca del 40% de este grupo no busca trabajo activamente. Esto evidencia un proceso de desánimo arraigado, donde el mercado laboral ya no es percibido como un espacio de inclusión accesible. La investigación también identifica un segmento crítico: los denominados "Triple Ni", jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo, representando aproximadamente un tercio de los vulnerables.
En materia sanitaria, el 78% de los jóvenes en situación de vulnerabilidad depende exclusivamente del sistema público de salud, sin acceso a obra social o cobertura privada. Esta dependencia refleja las desigualdades en el acceso a servicios básicos y agrava su situación de exclusión. Además, el 57% de los jóvenes encuestados manifestó que los ingresos del hogar no alcanzan para llegar a fin de mes, una cifra que asciende al 70,2% en los segmentos de mayor vulnerabilidad.
El informe también señala que el 27% de los jóvenes vulnerables reside en el Área Metropolitana de Buenos Aires, mientras que el 73% se distribuye en el resto del país. Esta distribución geográfica muestra que la problemática no se limita a las grandes ciudades, sino que es un fenómeno extendido en todo el territorio nacional, afectando a comunidades urbanas y rurales por igual.
La precarización laboral es otro de los ejes centrales del estudio. El 76% de los jóvenes vulnerables que trabajan lo hace en relaciones laborales no registradas o a través del cuentapropismo precario. Los sectores de actividad más comunes son el comercio (28,5%), la construcción (19,8%) y tareas de limpieza o cuidado (11,2%). Estos datos revelan un mercado laboral que no solo excluye, sino que también perpetúa condiciones de inestabilidad económica.
La salud mental es otro aspecto crítico. El 30% de los jóvenes vulnerables indicó tener dificultades para controlar el consumo de alcohol, tabaco o drogas, una problemática que se agrava entre quienes enfrentan mayores niveles de vulnerabilidad. Este dato refuerza la necesidad de políticas públicas integrales que aborden no solo lo económico, sino también lo social y psicológico.
El estudio concluye que la vulnerabilidad social opera como un eje estructurante de desigualdades materiales y subjetivas, demandando intervenciones coordinadas e integrales. Sin embargo, hasta ahora, las respuestas estatales y sociales han sido insuficientes para revertir esta tendencias, dejando a una generación al margen de las oportunidades básicas para el desarrollo personal y colectivo.
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Fuente: CBC UBA y relevamiento informativo
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