El Bar Montecarlo, ubicado en la esquina de Paraguay y Ravignani en Palermo, es un sitio histórico que abrió sus puertas en 1922 y se convirtió en testigo de casi un siglo de transformaciones urbanas y sociales en Buenos Aires. Su nombre evoca tanto a la ciudad monegasca como a un pasado bohemio que aún perdura entre sus paredes.

La conexión más conocida del local es la leyenda que vincula al joven Ernesto Guevara con este rincón. Según relatos orales y crónicas periodísticas, el futuro Che Guevara, entonces estudiante de Medicina, frecuentaba el bar entre 1948 y 1952, época en la que trabajaba en el Laboratorio de Alergología Dr. Pisani, ubicado a pocas cuadras. Aunque no existen registros oficiales que confirmen su presencia habitual, el hermano menor de Guevara, Juan Martín, reconoció que el rumor es persistente y no lo desacreditó.

El Montecarlo no solo fue un punto de encuentro para el joven Guevara, sino también para poetas, pintores, escritores y periodistas que lo convirtieron en un espacio de debate y creación. Su ambiente, con pisos de damero, mesas de madera y sillas tapizadas, conservó durante décadas el espíritu de la Buenos Aires tradicional, resistiendo los cambios que transformaron a Palermo de un barrio humilde a un epicentro de moda y gastronomía internacional.

El bar cerró sus puertas durante la pandemia, lo que generó una movilización vecinal espontánea. Los vecinos colgaron carteles en las persianas pidiendo su reapertura, un gesto que reflejó el afecto y la identidad que el lugar despierta en el barrio. Este hecho fue cubierto por medios locales y nacionales, destacando su valor como patrimonio cultural.

En 2021, el Montecarlo reabrió bajo la gestión de Paula Comparatore, una chef con experiencia en gastronomía argentina. La nueva dueña se propuso recuperar la esencia del local, restaurando elementos originales como las puertas de hierro, el piso de damero y la barra en su ubicación inicial. Además, incorporó una cocina profesional para ofrecer platos tradicionales con un toque contemporáneo, como el budín de pan con medialunas y whisky.

La estrella que acompaña el logo del bar tiene un doble significado: por un lado, representa a Galicia, lugar de origen de la familia fundadora, los Lorenzo; por otro, remite a la icónica imagen del Che Guevara capturada por Alberto Korda. Este detalle simboliza la fusión entre la herencia inmigrante y la leyenda revolucionaria que rodea al local.

El Montecarlo ocupa la planta baja de un edificio de 1906, con balcones curvos y una historia que incluye haber sido el único punto con teléfono público en la zona, lo que lo convertía en un centro de comunicación y chismes barriales. Durante años, fue un lugar de reunión para hombres que consumían grapa, vino y café, mientras se organizaban quinielas clandestinas.

Hoy, el bar sigue siendo un referente para vecinos y turistas, ofreciendo desde desayunos tradicionales hasta menús de mediodía y noche. Su reapertura no solo devolvió un pedazo de historia a Palermo, sino que también reafirmó su rol como espacio de memoria y tradición en una ciudad que no deja de transformarse.

fuente: relevamiento informativo e histórico del editor

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