El Jardín Zoológico de Buenos Aires fue inaugurado el 30 de octubre de 1888 en el barrio de Palermo, convirtiéndose en el primer zoológico de Latinoamérica. Su creación respondía al contexto de crecimiento económico de la ciudad, impulsado por la exportación de productos agrícolas como cereales y carne vacuna. El proyecto fue liderado por Eduardo Ladislao Holmberg, su primer director, quien también impulsó la publicación de la *Revista del Jardín Zoológico* a partir de 1893, que combinaba artículos científicos y notas de interés general.

El predio, que ocupaba 16,7 hectáreas, albergaba 42 edificios históricos de distintos estilos arquitectónicos, como la Casa de los Osos (neogótico), el Pabellón de la Jirafa (influencias islámicas) y el Templo de Vesta, que homenajeaba a un templo dedicado a Hércules. Estos edificios, junto a 27 esculturas, 3 lagos y 9 puentes, reflejaban la intención de recrear el hábitat natural de las especies exhibidas, vinculando cada construcción con el origen geográfico de los animales.

Durante más de un siglo, el zoológico fue un destino emblemático para los porteños, que recibía a millones de visitantes. Sin embargo, su modelo tradicional comenzó a ser cuestionado por organizaciones ambientalistas y la sociedad civil, que señalaban problemas como el bienestar animal, la exhibición en cautiverio y la falta de condiciones adecuadas para algunas especies. Estos debates se intensificaron en las primeras décadas del siglo XXI.

El 23 de junio de 2016, el jefe de Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, anunció el cierre definitivo del zoológico y su transformación en el Ecoparque. La decisión buscaba priorizar la conservación de especies autóctonas, la educación ambiental y la lucha contra el tráfico de animales, la pérdida de hábitats y el cambio climático. El proceso incluyó el traslado de animales a otros centros especializados, aunque no estuvo exento de polémicas.

El cambio generó críticas por el ritmo de las obras, la persistencia de recintos antiguos y la falta de transparencia sobre el destino de los animales. En 2019, se presentaron denuncias penales por la muerte de ejemplares como la jirafa Shaki y el rinoceronte Ruth, mientras el predio reducía su personal. Además, organizaciones como la Fundación Ambiente y Recursos Naturales advirtieron sobre el riesgo de privatización de edificios históricos dentro del Ecoparque, un tema que generó pedidos de informes legislativos.

El Ecoparque, declarado Monumento Histórico Nacional en 1997, se reabrió al público con un enfoque interactivo y educativo. Hoy, el espacio promueve la conservación de fauna autóctona amenazada, la rehabilitación de especies y la investigación científica, además de ofrecer actividades para concienciar sobre la biodiversidad argentina. El predio, que incluye 16,7 hectáreas, sigue en proceso de reconversión, con obras de restauración de su patrimonio arquitectónico y la creación de nuevos usos para los edificios históricos.

La transformación del zoológico en Ecoparque también implicó un cambio en la gestión: el Gobierno de la Ciudad recuperó el control del predio tras interrumpir su concesión privada. Aunque el proyecto recibió apoyo ciudadano —según encuestas, el 91% de los consultados en 2023 lo respaldaba—, persisten interrogantes sobre su sostenibilidad y el cumplimiento pleno de los objetivos de conservación establecidos en la Ley 5752.

Actualmente, el Ecoparque funciona como un espacio público gratuito, con programas de rescate, rehabilitación y liberación de animales, además de un banco genético para especies amenazadas. Su historia refleja la evolución de la relación entre la sociedad y la naturaleza, desde la exhibición de animales exóticos hasta un modelo centrado en la protección y la educación ambiental.

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fuente: relevamiento informativo del editor ysitios GCBA

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