Por Sebastián Di Domenica (tercera parte - continuación de: Desde la desembocadura al serpenteante recorrido) En homenaje a los trabajadores que en 1945 cruzaron el Riachuelo para ir a apoyar a Juan Domingo Perón, en 2013 se instaló en la orilla sur del Riachuelo del lado de Avellaneda, y al costado del Puente Pueyrredón, un monumento de 15 metros. Se lo llama el coloso de Avellaneda, es una escultura gigante retrofuturista de los artistas Alejandro Marmo y Daniel Santoro, que se ha convertido en uno de los nuevos íconos a la vera del río. En el recorrido de navegación se lo puede apreciar en todo su esplendor. 

Otra imponente obra de arte que se ve desde las aguas del Riachuelo es el mural en homenaje a Benito Quinquela Martín de Alfredo Segatori. Está del lado de Barracas y es uno de los más grandes del mundo. Obras artísticas monumentales para descubrir desde el Riachuelo y que mezclan los tiempos que corren con los que ya pasaron. 

Luego de atravesar varios de esos puentes, las vistas desde el río comenzaron a hacerse más periurbanas. Del lado de Avellaneda se destacan varios edificios reciclados y conservados: viejas construcciones que fueron renovadas para albergar dependencias públicas con destinos diversos. En tanto también allí comienza la zona fabril, o lo que fue en alguna época un rincón pujante e industrial, que reflejaba la economía en marcha de todo un país. Allí también se inician las postales de lo que alguna vez fue, y ya no es. 

Por ejemplo una vieja planta aceitera, enorme y de muchos pisos, que está abandonada y en grave proceso de deterioro. De hecho algunas lozas ya están caídas o derrumbadas. En tanto, muy cerca de allí también está la planta de la empresa Siam, actualmente en actividad y que expone un edificio de objetivo industrial con las características de modernidad y tecnología de estos días. Todo se mezcla, nuevo y viejo, para la vista de todos y desde las aguas del Riachuelo.

En esa misma zona, pero del lado de la ciudad de Buenos Aires, la imagen es menos diversa y más contundente. Allí se ubica el asentamiento o la villa 21 24. Una urbanización irregular de grandes dimensiones y extensión con sus características propias y con un crecimiento urbano desordenado. En ese espacio es en donde Acumar todavía busca relocalizar familias para poder dejar los 35 metros entre la costa y la construcción, que la sanidad de las aguas exigen.

Justamente en este rincón del Riachuelo es en donde apareció una de las huellas del pasado que más me impactó. Allí donde está ubicada la 21 24, en la vera del río es posible observar parte de un viejo (viejísimo) muelle de madera. A la guía y al conductor de la lancha les pregunté por el origen de esa estructura. Y según me dijeron, son la única parte que queda en pie de un viejo puerto de frutos que existía en esa zona de Barracas. Es decir que en donde hoy hay un inmenso asentamiento, a principios y mediados del siglo XX funcionó un puerto al que llegaban muchas barcazas de río arriba con frutas para distribuir en la ciudad. La huella de aquel puerto me generó sorpresa pero también me permitió viajar a esa vieja ciudad.

En esa misma zona, el Riachuelo comienza una curva pronunciada que avanza de forma circular. La geografía por allí se asemeja mucho a algunas partes del delta del Paraná. Y del lado de la provincia, en esa especie de isla o bahía que delinea el río, funciona un estadio de fútbol (el Saturnino Moure).

Finalizada esa curva, el marinero nos indicó que no se podía continuar la nevagación porque el río estaba bajo y había riesgo de encallar. Por lo tanto retornamos a la plataforma de Acumar en Avellaneda. 

En una hora aproximadamente pude navegar por primera vez el río Riachuelo Matanza, pero a su vez descubrir una ciudad que no viví y fragmentos de una historia que vale la pena recordar. Tal vez en algunos años el río finalmente esté saneado y mucha gente comience a navegarlo. Para darle nueva vida a todos esos rincones, sin olvidar y preservar todos los fragmentos de memoria que acumula en su geografía.

Caracteres: 4041

Fuente: crónica de Sebastián Di Domenica