El Palacio Barolo es uno de los edificios más emblemáticos de Buenos Aires, ubicado en el barrio de Monserrat sobre la Avenida de Mayo. Su construcción respondió a la visión de un inmigrante italiano que buscó dejar un legado arquitectónico y cultural en la ciudad, combinando innovación técnica con referencias literarias y simbólicas.

La iniciativa partió de Luis Barolo, un poderoso productor agropecuario y empresario textil que llegó a Argentina en 1890. Barolo se dedicó a la importación de tejidos y fue pionero en la introducción de máquinas para hilar algodón, instalando las primeras hilanderías de lana peinada del país. Su pasión por la literatura, especialmente por la obra de Dante Alighieri, lo llevó a concebir un edificio que rindiera homenaje a la Divina Comedia.

El proyecto fue encomendado al arquitecto italiano Mario Palanti, quien diseñó el edificio con una concepción integral que incluía desde la estructura hasta los detalles decorativos. La construcción comenzó en 1919 y se extendió hasta su inauguración en 1923, convirtiéndolo en el primer rascacielos de hormigón armado de América del Sur y el más alto de la ciudad hasta 1930, cuando fue superado por el Edificio Kavanagh.

El Palacio Barolo alcanza los 100 metros de altura, distribuidos en 22 pisos, y su cúspide alberga un faro giratorio que en su momento tuvo una potencia de 300.000 bujías. Para su construcción se utilizaron 650.000 kilos de acero, 3.500.000 de ladrillos y 70.000 barriles de cemento Portland, materiales que permitieron erguir una estructura pionera en su época. Los cimientos debieron adaptarse al paso del entubado Arroyo Tercero del Medio, que corre bajo el edificio.

El estilo arquitectónico del Palacio Barolo es difícil de encasillar en una única corriente. Se lo describe como ecléctico, con influencias del neogótico, el art nouveau y el art decó, pero también incorpora elementos del romanticismo y referencias a la arquitectura islámica de la India, como el Palacio de los Vientos de Jaipur. Esta mezcla de estilos refleja la búsqueda de Palanti por crear una obra única, alejada de los cánones tradicionales.

La estructura del edificio está organizada en tres secciones que simbolizan las partes de la Divina Comedia: la planta baja y los primeros pisos representan el Infierno, los pisos intermedios el Purgatorio, y los niveles superiores el Paraíso. El faro en la cima alude al Empíreo, el punto más alto del Cielo en la obra de Dante. Además, el edificio incluye detalles como el uso de mármol de Carrara en los revestimientos interiores y símil piedra París en las fachadas.

Originalmente, el Palacio Barolo fue concebido como un edificio de oficinas para alquilar, con tres pisos destinados al uso exclusivo de Luis Barolo, quien nunca pudo ocuparlos debido a su fallecimiento antes de la inauguración. En 1997, el edificio fue declarado Monumento Histórico Nacional, lo que garantiza su preservación y prohíbe modificaciones que alteren su diseño original.

El Palacio Barolo forma parte del patrimonio arquitectónico porteño junto a su edificio gemelo, el Palacio Salvo en Montevideo, también diseñado por Palanti. Su ubicación estratégica entre la Casa Rosada y el Congreso de la Nación lo convierte en un punto de referencia en el eje cívico de la ciudad.

fuente: área turística y patromonial del GCBA

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