Entre los senderos, lagos y arboledas del Parque Tres de Febrero, conocido como los bosques de Palermo, se despliega uno de los patrimonios escultóricos más variados de Buenos Aires. Donaciones de comunidades extranjeras, encargos oficiales y obras de artistas de renombre conviven en rotondas, plazoletas y rincones poco transitados. Muchas de esas piezas pasan inadvertidas para quienes recorren la zona, aunque cada una condensa una historia sobre la relación de la ciudad con distintos episodios políticos, culturales y diplomáticos.

Uno de los casos más destacados es el monumento a Domingo Faustino Sarmiento, sobre la avenida del Libertador, en el predio que perteneció a la residencia de Juan Manuel de Rosas. La obra fue realizada por el escultor francés Auguste Rodin y se inauguró en 1911; es la única pieza que el artista produjo para otro país. La estatua de bronce se asienta sobre una base de mármol de Carrara y representa al expresidente en una postura dinámica, alejada de la solemnidad habitual de este tipo de homenajes.

A pocos metros de allí, sobre la avenida Sarmiento, se encuentra un monumento menos convencional: la representación de Caperucita Roja, obra del escultor francés Jean Carlus adquirida por la Ciudad en 1937. La pieza retoma el cuento clásico de Charles Perrault e incluye la figura del lobo, hoy con menor definición por el desgaste del material. A diferencia de otras esculturas del circuito, no cuenta con vallado perimetral, lo que facilita la observación directa aunque también la expone a un mayor deterioro.

Sobre la misma avenida del Libertador se levanta el monumento a la Carta Magna y las Cuatro Regiones Argentinas, conocido también como monumento a los Españoles. Fue una donación de la colectividad española por el centenario de la Revolución de Mayo: la piedra fundamental se colocó en 1910, pero la obra completa, en bronce y mármol de Carrara, no se terminó hasta 1927. Su ubicación en una rotonda de tránsito intenso dificulta el acceso peatonal directo.

En la plaza Sicilia, junto al Jardín Japonés, se emplaza el monumento a Confucio, una escultura de bronce de tres metros de altura donada por el Instituto Confucio en 2019 como parte de un intercambio cultural con la República Popular China. La figura reproduce el gesto de manos cruzadas asociado tradicionalmente al pensador chino. Es una de las incorporaciones más recientes al circuito escultórico y, por su ubicación apartada de los senderos principales, sigue siendo poco conocida entre los visitantes habituales.

El quinto monumento reseñado es el dedicado a Justo José de Urquiza, militar y político que gobernó la provincia de Entre Ríos y presidió la Confederación Argentina entre 1854 y 1860. La obra, de los escultores Renzo Baldi y Héctor Rocha, se inauguró en 1958 y muestra en los laterales de su base una escena vinculada a la batalla de Caseros. El conjunto se ubica en otra rotonda de la zona, un formato compartido por buena parte de las piezas de mayor tamaño del parque.

El mantenimiento de este patrimonio depende en gran medida del taller de Monumentos y Obras de Arte de la Ciudad, que funciona dentro del Parque Tres de Febrero y se dedica a la restauración de piezas emplazadas en plazas y espacios públicos porteños. Distintas obras del circuito atravesaron procesos de puesta en valor, mientras que otras conservan marcas de desgaste, humedad o intervenciones no autorizadas, algo habitual en el espacio público y no exclusivo de los bosques de Palermo.

El recorrido por estas cinco piezas no requiere itinerarios especiales: todas están a distancia caminable entre sí, en un radio que combina el Rosedal, el Jardín Japonés y las avenidas Sarmiento y del Libertador. El acceso es libre y sin horario restringido, salvo en jardines cercados. La dispersión de las obras y la falta de señalización unificada explican, en parte, por qué buena parte del público desconoce la existencia de varias de ellas pese a pasar a su lado con regularidad.

fuente: Google Places y relevamiento informativo del editor

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