La Plaza Mafalda, ubicada en el límite entre los barrios de Palermo y Colegiales, es uno de los espacios verdes más jóvenes de Buenos Aires. Su origen se remonta a un terreno baldío que, en los años 50, albergó la villa de emergencia de Colegiales, y reubicada en 1979. Tras la desaparición de la villa, el gobierno de la época prometió por escrito convertir el predio en un espacio verde, pero la promesa tardó 16 años en concretarse.
El conflicto por su creación estallo en 1994, cuando el gobierno nacional intentó construir monoblocks para reubicar a los habitantes de la Villa 31. El vecindario de Colegiales se opuso, amparado en una ordenanza municipal que reservaba el terreno para una plaza. Las autoridades ignoraron el reclamo y avanzaron con las obras durante la noche, lo que generó una fuerte resistencia ciudadana. El 4 de febrero de ese año, más de mil vecinos rodearon simbólicamente el predio, y el 9 de febrero realizaron la Marcha de la Luz, con velas y linternas, para exigir que se respetara la ordenanza.
El 12 de febrero de 1994, el gobierno dio marcha atrás con el traslado de los habitantes de la villa, y el Concejo Deliberante aprobó una partida presupuestaria para la construcción de la plaza. Sin embargo, el proceso no estuvo exento de tensiones: el gobierno municipal comenzó las obras sin consultar a la comisión vecinal sobre el diseño, la plantación de árboles o la iluminación. La Fundación Alejandro Romay, entonces dueña de Canal 9, apadrinó el proyecto. Romay propuso llamar al espacio *La Paloma*, nombre que no prosperó.
La plaza fue inaugurada oficialmente el 28 de noviembre de 1995, aunque su diseño generó polémica. Los caminos de cemento que la atraviesan forman una figura de ta-te-tí, lo que le valió el apodo irónico de *plaza del ta-te-tí*. Finalmente, en 1995, los niños del barrio votaron para bautizarla como Plaza Mafalda, en homenaje al icónico personaje creado por Quino. Su diseño actual incluye sectores con los nombres de los personajes de la historieta y siete triángulos unidos por sus vértices, cada uno dedicado a un personaje.
Hoy, la plaza es un punto de encuentro para familias y turistas, con áreas verdes, juegos infantiles y murales que rinden homenaje a Mafalda y sus amigos. Aunque no cuenta con estatuas, exhibe ilustraciones de los personajes y cuadros de la historieta, convirtiéndola en un espacio cultural que trasciende lo recreativo. Su ubicación, entre las calles Conde, Concepción Arenal, Enrique Martínez y Santos Dumont, la hace accesible y concurrida, especialmente por su cercanía al Mercado de las Pulgas.
La historia de la Plaza Mafalda refleja que fue el resultado de una movilización ciudadana que logró imponer su voluntad frente a los intereses políticos de la época. Este episodio es un ejemplo de cómo la organización comunitaria puede transformar el destino de un barrio.
fuente: turismo GCBA y relevamiento informativo
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