El arroyo Maldonado, uno de los cursos de agua más importantes de Buenos Aires, fue entubado como solución a los recurrentes problemas de inundaciones y contaminación que afectaban a la ciudad. Hasta principios del siglo XX, el arroyo discurría a cielo abierto, atravesando zonas que hoy conforman barrios como Palermo, Villa Crespo, Caballito y Flores. Sus crecidas, especialmente durante las lluvias intensas, provocaban anegamientos en extensas áreas, arrastrando casillas precarias y generando condiciones insalubres para los habitantes ribereños.

La decisión de entubar el Maldonado se tomó en 1924, durante el gobierno de Marcelo T. de Alvear, como respuesta a la necesidad de modernizar la infraestructura urbana y evitar los desbordes que paralizaban la ciudad. Las obras comenzaron en 1929, bajo la administración de Hipólito Yrigoyen, y el primer tramo, que abarcó cinco kilómetros hasta la calle Bolivia, se completó en 1933. Este proyecto fue ejecutado por la empresa Arienti y Maisterra, utilizando miles de toneladas de hierro, cemento, pedregullo y arena para construir un conducto de hormigón que soterrara el cauce.

El objetivo principal del entubamiento era controlar las inundaciones y mejorar las condiciones sanitarias de la zona. El arroyo, que había sido un límite natural entre la ciudad y la provincia, se había convertido en un depósito de residuos y desechos industriales, lo que contaminaba el agua y generaba malos olores. Además, su curso serpenteante dificultaba el desarrollo urbano y la expansión de la red vial. El proyecto de entubamiento también buscaba facilitar la construcción de la Avenida Juan B. Justo, que luego se convertiría en una de las arterias más importantes de la ciudad.

El proceso de entubamiento no fue inmediato. Tras la finalización del primer tramo en 1933, las obras continuaron para cubrir el resto del recorrido del arroyo dentro de la Capital Federal. Para 1939, casi la totalidad del Maldonado en su trayecto por la ciudad quedó soterrado bajo un conducto de hormigón, cuya estructura incluye vigas y columnas que soportan el techo, donde hoy corre la Avenida Juan B. Justo. El último tramo, desde Segurola hasta la Avenida General Paz, se completó en la década de 1940.

Aunque el entubamiento resolvió parcialmente el problema de las inundaciones, el crecimiento urbano y la densificación de la cuenca del arroyo generaron nuevos desafíos. El aumento de la superficie impermeable en la ciudad aceleró el escurrimiento de las aguas pluviales, lo que provocaba que, con lluvias intensas, el túnel se colmara y se produjeran inundaciones en zonas adyacentes. Esto llevó a la construcción de títulos aliviadores en las décadas siguientes, como los túneles largo y corto, finalizados en 2012, para mejorar la capacidad de drenaje.

El arroyo Maldonado, hoy completamente entubado, sigue siendo un elemento clave en la infraestructura hidráulica de la ciudad. Su historia refleja los desafíos de una metrópoli en crecimiento, donde la necesidad de modernización chocó con las limitaciones técnicas y ambientales de la época. El entubamiento no solo transformó el paisaje urbano, sino que también marcó un antes y después en la gestión del agua en Buenos Aires.

fuente: relevamiento informativo e histórico

caracteres: 3271