El barrio de Flores es el epicentro de la memoria histórica del Papa Francisco en Buenos Aires. Allí, en la calle Membrillar 531, se alza el solar donde creció Jorge Bergoglio, un espacio que, aunque hoy desocupado, conserva el eco de sus primeros años. A pocas cuadras, la Basílica de San José de Flores guarda el confesionario donde, a los 17 años, descubrió su vocación sacerdotal un 21 de septiembre de 1953. Este templo neogótico, inaugurado en 1883, sigue siendo un punto clave para entender su conexión espiritual con la ciudad.
Flores no solo fue su hogar, sino también el escenario de su formación. La plaza que lleva el nombre de San José, frente a la basílica, fue testigo de sus juegos infantiles, mientras que las calles del barrio conservan la esencia de aquel joven porteño que luego se convertiría en el primer Papa latinoamericano. El Gobierno de la Ciudad promueve el Circuito Papal, un recorrido que incluye estos sitios y otros como el Oratorio San Antonio, vinculado a su relación con el Club San Lorenzo, donde su familia asistía a los partidos en la década del 40.
La Catedral Metropolitana, frente a la Plaza de Mayo, es otro de los pilares de su legado en Buenos Aires. Allí, Bergoglio ejerció como Arzobispo entre 1998 y 2013, y su figura se honra con un museo que exhibe objetos personales y litúrgicos de su ministerio. Este templo neoclásico no solo simboliza su influencia religiosa, sino también su compromiso social en una de las zonas más emblemáticas de la capital.
En Agronomía, la Parroquia San José del Talar alberga el santuario de la Virgen Desatanudos, una advocación que Bergoglio impulsó en Argentina tras traer una imagen desde Alemania en los años 80. Cada 8 de mes, cientos de fieles se reúnen aquí, recordando su papel en la difusión de esta devoción. Este lugar refleja su capacidad para conectar con las tradiciones populares y su enfoque pastoral.
El Seminario Metropolitano de Buenos Aires, donde a los 22 años decidió ser jesuita, completa el mapa de su vida en la ciudad. Este sitio, junto a la Basílica de San Carlos Borromeo y María Auxiliadora, vinculada a la orden salesiana, marca su formación religiosa y su vínculo con instituciones educativas. Ambos espacios son parte de los recorridos guiados que ofrece el Gobierno porteño para revivir su historia.
La estación San José de Flores de la Línea A del subte es otro punto simbólico. Allí, un mural de la artista Nora Iniesta conmemora su tránsito cotidiano, vinculando su memoria espiritual con el transporte público. Este detalle artístico subraya cómo su figura sigue presente en la vida diaria de los porteños, más allá de los templos y plazas.
El Club San Lorenzo, aunque su antigua cancha en Avenida La Plata ya no existe, sigue siendo un referente afectivo. Bergoglio, hincha del equipo, compartía con su familia la pasión por el fútbol en ese espacio, hoy reemplazado por un supermercado. Esta anécdota humaniza su imagen y refuerza su conexión con la cultura popular argentina.
El Circuito Papal, organizado por el Ente de Turismo de Buenos Aires, incluye visitas guiadas a pie y en bus por estos lugares. La iniciativa busca que vecinos y turistas conozcan los sitios que marcaron su infancia, vocación y servicio religioso, conservando así su legado en la ciudad que lo vio crecer.
Fuente: turismo GCBA, GCBA y relevamiento informativo
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