El Puente Helénico del Rosedal es una de las estructuras más emblemáticas del Parque Tres de Febrero, en el corazón de Palermo. Su diseño, inspirado en la arquitectura clásica griega, lo distingue como un elemento central dentro del Rosedal, un espacio verde que atrae a miles de visitantes cada año. Este puente no solo cumple una función práctica al permitir el cruce del lago artificial del Rosedal, sino que también simboliza la fusión entre naturaleza y cultura que caracterizó el desarrollo urbano de Buenos Aires a principios del siglo XX.

Los terrenos donde hoy se levanta el Rosedal fueron conocidos históricamente como el Bañado de Palermo y pertenecieron a Juan Manuel de Rosas hasta su derrocamiento en 1852. Tras la batalla de Caseros, estos terrenos fueron expropiados y pasaron a ser de dominio público, sentando las bases para la creación del Parque Tres de Febrero. El paisajista Carlos Thays, figura clave en la transformación de Buenos Aires, fue el encargado de diseñar este espacio verde, que se convirtió en un referente del urbanismo porteño.

La idea de crear un jardín de rosas dentro del parque fue impulsada por Joaquín Anchorena, intendente de Buenos Aires entre 1910 y 1914. Este proyecto buscaba embellecer aún más el área, que ya albergaba los pabellones de las provincias argentinas durante la Exposición Industrial de 1910. Así, se destinaron 3,4 hectáreas para el Rosedal, un espacio que combinaría la elegancia de las rosas con elementos arquitectónicos de estilo clásico.

El ingeniero agrónomo Benito Carrasco, discípulo de Carlos Thays, fue el responsable de concretar el diseño del Rosedal y, en particular, del Puente Helénico. Carrasco, quien había trabajado en la Dirección de Parques y Paseos desde 1900, asumió el cargo de director en 1913 y completó la obra en menos de un año. Su formación bajo la tutela de Thays le permitió desarrollar un estilo que evocaba la pureza estética de la antigua Grecia, con líneas sobrias y columnas simples.

El puente, construido para cruzar el Lago del Rosedal, se convirtió en un símbolo de la arquitectura helénica en la ciudad. Su estructura de hierro pintado de blanco y su diseño inspirado en el clásico griego lo diferencian de otras construcciones del parque. Junto al puente, se levantaron una pérgola, un templete y un embarcadero, todos ellos integrados en un conjunto armónico que realza la belleza del jardín.

La inauguración del Rosedal y del Puente Helénico se produjo el 24 de noviembre de 1914, marcando un hito en la historia del paisajismo porteño. En esa época, se plantaron más de 14.000 rosales de 1.189 variedades, consolidando al Rosedal como un espacio único en la ciudad. El puente, ubicado junto a la avenida Infanta Isabel, se transformó en uno de los accesos principales al jardín, atrayendo a vecinos y turistas.

Con el paso de los años, el Rosedal y su puente helénico han sido testigos de transformaciones y agregados. En 1920, se incorporó un jardín de estilo andaluz, diseñado por Eugenio Carrasco, hermano de Benito. En 1929, se sumó el Patio-Glorieta Andaluz, un regalo de la ciudad de Sevilla a Buenos Aires. Estos elementos enriquecieron aún más el valor cultural y paisajístico del espacio.

En 2011, el Rosedal fue declarado Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, lo que garantiza que cualquier restauración o modificación respete su diseño original. El Puente Helénico, como parte integral de este conjunto, sigue siendo un testigo silencioso de la historia y la evolución de uno de los pulmones verdes más queridos de la ciudad.

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Fuente: relevamiento informativo del editor y sitios GCBA

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