La actividad industrial y la construcción en Argentina registraron en abril un nuevo retroceso que disipó los leves indicios de recuperación observados en marzo. Ambos sectores, que representan los principales motores de empleo del país, muestran una tendencia preocupante que refleja la desaceleración económica y la falta de dinamismo en el mercado interno.
Según los datos oficiales del INDEC, la industria manufacturera cayó un 2,1 por ciento respecto al mes anterior, mientras que la construcción retrocedió un 4 por ciento en la misma comparación. En términos interanuales, ambos sectores registraron una baja idéntica del 2,8 por ciento frente a abril de 2025, consolidando una racha negativa que ya se extiende por varios meses y que afecta directamente a la generación de puestos de trabajo.
El acumulado del primer cuatrimestre de 2026 confirma esta tendencia: la industria manufacturera acumula una caída del 2,4 por ciento, mientras que la construcción, pese a mantener un leve crecimiento del 2,1 por ciento en el mismo período, no logró sostener el ritmo de los primeros meses del año. El deterioro es amplio y afecta a 12 de las 16 divisiones industriales medidas por el organismo.
Los rubros más golpeados son aquellos con mayor impacto en los grandes conglomerados urbanos, como el Conurbano Bonaerense. Textiles lidera las caídas con un desplome del 22 por ciento, mientras que la fabricación de tejidos y acabado de productos textiles llegó a registrar una disminución del 35,4 por ciento. Le siguen maquinarias y equipos con un 20,2 por ciento, prendas de vestir, cuero y calzado con 15,9 por ciento, industrias metálicas básicas con 11,2 por ciento, vehículos y automotores con 10 por ciento, y alimentos y bebidas, que preocupa especialmente por tratarse de un consumo esencial, con una baja del 2,4 por ciento.
El informe del INDEC describe un escenario de dos velocidades en la economía argentina. Mientras la producción manufacturera y el consumo interno atraviesan una situación compleja con niveles de actividad históricamente bajos, atados a la falta de reactivación del mercado interno y a la caída del poder adquisitivo, los sectores extractivos y primarios vinculados a la minería, la refinación de petróleo y la explotación de gas en Vaca Muerta, junto con productos químicos asociados, muestran un fuerte crecimiento. Sin embargo, estos últimos tienen una capacidad limitada para absorber empleo masivo, ya que requieren personal más calificado.
El ministro de Economía, Luis Caputo, destacó que el indicador de tendencia-ciclo, que evita efectos estacionales y suaviza oscilaciones mensuales, muestra leves signos positivos entre 0,1 y 0,3 por ciento, lo que indicaría un freno en el desplome general. Sin embargo, este dato aún no se refleja en el día a día de la población ni en los niveles de empleo, donde la destrucción de puestos en los sectores manufactureros sigue siendo una realidad.
Las perspectivas no son alentadoras. Según una encuesta cualitativa del INDEC, el 75,5 por ciento de las empresas constructoras que trabajan en obras privadas considera que la actividad no mostrará cambios durante el trimestre mayo-julio, mientras que apenas el 9,4 por ciento espera una mejora y el 15,1 por ciento anticipa una nueva caída. A esto se suma la caída del 28,5 por ciento en los créditos hipotecarios durante 2026, lo que limita aún más las posibilidades de reactivación del sector.
El impacto en el empleo es directo. Los sectores que lideran la destrucción de valor son precisamente aquellos que más empleo registrado generan, como textiles, maquinaria, automotriz e industrias metálicas. Esto profundiza la preocupación en un contexto donde la reactivación del consumo interno sigue sin concretarse y los indicadores de actividad siguen en territorio negativo.
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